Gu韆 de la mujer consciente para un parto mejor

Henci Goer
Ref.: 9788494101601
Autor: Henci Goer
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Introducción
Dirección obstétrica del parto: ¿qué hay de malo en ello?
¿Espera usted un bebé o planea quedarse embarazada? ¡Enhorabuena! Se embarca en una travesía llena de desafíos y con la posibilidad de disfrutar de grandes compensaciones.  Sin duda, desea usted que su experiencia del parto sea sana y satisfactoria.  Yo también se lo deseo, y escribí este libro porque lograr ese objetivo no es tan sencillo como debería.  Durante los últimos treinta años la dirección obstétrica del parto ha convertido lo que en la mayoría de los casos debería ser un proceso saludable y normal en un evento sumamente tecnificado.  Sin que nadie se propusiera que esto ocurriese, y con escaso reconocimiento de que efectivamente ha sucedido, la atención a la maternidad se ha deteriorado terriblemente en Estados Unidos.
Piense en lo siguiente:
- La cesárea es la operación de cirugía mayor que más se realiza en Estados Unidos, en donde una de cada cinco embarazadas —cerca de un millón— da a luz por cesárea a pesar del riesgo que supone para su salud, del dolor, del tiempo de recuperación y del coste.  La bibliografía médica es unánime respecto a que la mitad de esas operaciones no es necesaria.
- Ahora los médicos utilizan el monitor fetal electrónico, una máquina que registra el ritmo cardíaco fetal en conjunción con las contracciones de la madre, con cuatro de cada cinco parturientas.  El porcentaje ha aumentado incesantemente a pesar de la avalancha de estudios que demuestra que su uso no mejora la salud de los bebés.  De hecho, su uso rutinario es una amenaza para la salud de la madre al incrementar la probabilidad de parto mediante el uso de fórceps o ventosa y por cesárea.
- En algunos hospitales a casi todas las parturientas se les pone la epidural.  Los médicos garantizan a las mujeres que es segura y, sin embargo, los estudios han documentado gran cantidad de complicaciones que afectan a la madre, al bebé o a ambos.
- Todavía hoy, casi la mitad de las mujeres que da a luz vaginalmente sufre una episiotomía (un tijeretazo en el borde de la abertura vaginal).  Las investigaciones demuestran que, se mire por donde se mire, este procedimiento no hace ningún bien —salvo raras excepciones—, y puede causar daños a veces graves y permanentes.
- La mayoría de las mujeres que da a luz por cesárea pasa automáticamente por otra con los siguientes bebés.  Hay toneladas de datos que confirman que el parto vaginal después de cesárea (PVDC) es más seguro para las madres, tiene ventajas para los bebés, y casi tres de cada cuatro mujeres lo consiguen.
- Pocas mujeres en este país dan a luz asistidas por una comadrona.  Ello a pesar de que los estudios confirman reiteradamente que la madre y el bebé sufren menos complicaciones cuando es una comadrona quien atiende el parto y son sometidos a menos pruebas y procedimientos en comparación con mujeres de características similares atendidas por ginecólogos.  Hay amplios y numerosos estudios que atribuyen a las comadronas tasas de cesárea tan bajas como un 4%.
- Prácticamente ninguna embarazada controlada dentro del sistema médico convencional escapa a pruebas, fármacos, procedimientos o restricciones que, usados indiscriminadamente, ofrecen poco o ningún beneficio en comparación con los riesgos que acarrean.
En resumen, existe un abismo entre la forma de actuar del obstetra típico y la práctica respaldada por la bibliografía médica.  Esa quiebra viene siendo ampliamente ignorada por los propios ginecólogos.  Resulta obvio preguntarse cómo ha ocurrido esto.

¿Por qué ese abismo?
La práctica obstétrica no refleja la evidencia científica porque, en realidad, los ginecólogos basan sus actuaciones en un conjunto de creencias preconcebidas.  Si parte usted de esta premisa, todo respecto a la obstetricia, incluyendo la incoherencia entre investigación y práctica, cobrará sentido.
No es nada extraordinario amoldar la atención a las embarazadas a las creencias propias.  Todas las culturas lo hacen.  El problema es que las creencias obstétricas no se ajustan a la realidad del embarazo y el parto.  Los ginecólogos-ginecólogos son cirujanos especialistas en las patologías de los órganos reproductivos de la mujer.  La formación del obstetra típico le hace ver a embarazadas y parturientas como una serie de problemas en potencia, a pesar del hecho de que el embarazo y el parto son procesos fisiológicos normales que no tienen más probabilidades de salir mal que, digamos, la digestión.  Las creencias obstétricas tienden a convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas.  Dicen que una persona sana es alguien a quien los especialistas no han hecho suficientes pruebas. 
Los ginecólogos trabajan dentro del modelo médico, un modelo en el que los fármacos y las intervenciones son la respuesta para cualquier cosa que vaya mal.  Sin embargo, las dificultades en el parto se resuelven habitualmente por sí mismas con jarabe de paciencia y remedios sencillos.  Es raro que se requieran medidas extremas y arriesgadas.
Los ginecólogos también están inmersos en una cultura general que cree que la tecnología es superior a la naturaleza y que las máquinas son más fiables que las personas.Eso explica por qué no se desprenden de aquéllas tecnologías que han demostrado ser un fracaso si no es para remplazarlas por la última tecnología cara y sin testar que aparece por ahí.Esto también explica por qué la carga de la prueba recae en la ausencia de intervención, en lugar de ser al contrario.
Por último, hasta hace muy poco todos los ginecólogos eran hombres e, incluso hoy, las mujeres ginecólogos siguen planes de estudio diseñados y supervisados en su mayor parte por hombres.  Esto significa que los prejuicios de género impregnan el sistema —como de hecho impregnan todos los ámbitos de la medicina—, con la diferencia de que en este caso todos los pacientes son mujeres, lo que intensifica sus efectos.  Un principio del prejuicio sexista es que los cuerpos de las mujeres son débiles y defectuosos y no hay que fiarse de que hagan lo que se supone que deben hacer.  Con ésta forma de ver las cosas, no es de extrañar que el fundamento de la obstetricia sea que los ginecólogos han de rescatar a los niños de los cuerpos de sus madres.Tampoco es de extrañar que los tratamientos obstétricos raramente impliquen acción por parte de la madre sino cosas que se le hacen «a» la madre.  Si uno ve a la madre como problema, no la ve como solución.  Los prejuicios de género también valoran las cualidades masculinas de control, eficiencia y previsibilidad.  Ello explica por qué los ginecólogos definen lo «normal» dentro de límites cada vez más estrechos en torno a la media cuando, por el contrario, y como ocurre con cualquier proceso físico, el rango de «lo normal» es muy amplio.  Valoran la acción frente a la inactividad, y de ahí la inclinación de los ginecólogos a hacer algo, cualquier cosa, antes que nada (incluso cuando «nada» es lo mejor que se puede hacer).  También valoran las relaciones verticales, lo que explica por qué muchos ginecólogos se toman cualquier cuestionamiento de sus acciones como un desafío a su autoridad y no aprenden de ninguna otra fuente —por ejemplo comadronas o enfermeras—, aparte de ellos mismos.
Volviendo a la cuestión de por qué hay un abismo, una característica de las creencias es que tiñen inconscientemente todo lo que piensan y hacen quienes las adoptan.  Los creyentes «saben» que su forma de pensar y hacer las cosas es la única forma correcta.  Esto significa que la obstetricia carece de mecanismo de autocorrección.  La investigación no hace que cambie la práctica porque una característica básica de las creencias es que las pruebas en contra no les afectan: «Mis creencias son firmes, no las perturbe con verdades».Por esta razón, cualquier cosa que no se ajuste a las creencias obstétricas será rechazada o rebatida, mientras que cualquier cosa que se ajuste a ellas será aceptada sin rechistar.Ello impide que se admita que la dirección obstétrica frecuentemente no funciona, que sí lo hacen las estrategias alternativas y, lo que es más importante, de que la dirección obstétrica puede causar daño.  En otras palabras, puede que la ciencia y la lógica no resulten eficaces si los ginecólogos no cambian sus creencias, lo cual es improbable porque la creencia es el fundamento de la obstetricia.

¿Por qué este libro?
Esta pregunta me recuerda las razones que tuve para escribir «Guía de la mujer consciente para un parto mejor».  Existe otro modelo de atención.  Se trata de un modelo que, a diferencia de la dirección obstétrica del parto, es coherente con la naturaleza del embarazo y el parto.  El oficio de comadrona se basa en la creencia de que lo esperable es que el embarazo y el parto marchen bien la mayoría de las veces.Como ha dicho el reputado médico francés Michel Odent: «No se puede facilitar un proceso involuntario, basta con no entorpecerlo».Éstas son las palabras de un filósofo, no las de un médico.Pero, por supuesto, lo que ocurre es que la mayoría de los ginecólogos practican la dirección obstétrica del parto, mientras que las comadronas asisten conforme a los principios de su profesión, y no al revés.Al centrase en prestar apoyo más que en intervenir, está demostrado que el modelo de asistencia al parto de las comadronas logra resultados igualmente buenos y muchas veces mejores.Espero poder demostrarle a lo largo de este libro que esta afirmación es cierta.
También espero poder transmitirle conocimientos que le permitan tomar decisiones informadas respecto a usted y su bebé. A menos que tuviese usted formación médica y un montón de tiempo libre le sería difícil adquirirlos. Como acabamos de ver, lo que los profesionales de la salud le digan puede estar mediatizado. Simplemente, es humano que le cuenten solamente aquello que pueda convencerla para aceptar lo que ellos piensan que es mejor. El mero concepto de «consentimiento informado»implica que, una vez haya sido usted informada, consentirá. Sin formación médica no tiene usted posibilidad de evaluar la calidad de la asistencia que recibe, elegir a los facultativos cuya práctica se ajuste a la mejor investigación, o cuestionar un tratamiento. Como en las revistas especializadas en consumo, le ofreceré la información que necesita para elegir con acierto y practicar el «rechazo informado» tanto como el «consentimiento informado».
Por último, le proporcionaré estrategias que le permitan evitar intervenciones médicas innecesarias.Un editor para el que escribí una vez me dijo que no hay ninguna utilidad en dar información que los lectores no puedan utilizar.Hay que darles «algo provechoso».Considere las estrategias que le propongo como ese «algo provechoso».
Sin duda, habrá deducido usted que este libro no es neutral. No digo que yo sea más objetiva que nadie sobre lo que considero una asistencia óptima. Sí que intentaré acercarle a mi manera de pensar, pero con algunas puntualizaciones. En primer lugar, jugaré limpio.  Facilitaré los datos de las investigaciones en las que sustento mis ideas para que usted pueda formarse su propia opinión. No tiene usted por qué estar de acuerdo conmigo. En segundo lugar, quiero dotarle de la habilidad para decidir qué es lo mejor para usted, no necesariamente lo que yo creo que sería mejor para mí.  Para ello, le ofreceré una amplia gama de opciones y las contrastaré y compararé. 
Debo añadir también que mis opiniones están muy bien acompañadas.La «Guía de cuidados efectivos en el embarazo y el parto», el resumen de conclusiones de la Base de datos de revisiones sistemáticas Cochrane, y «Pursuing the Birth Machine», un análisis de las recomendaciones de las conferencias de consenso de la Organización Mundial de la Salud en materia de tecnología apropiada para la atención antes, durante y después del parto, coinciden bastante conmigo en casi todos los puntos. 
Los problemas relacionados con la medicalización y la tecnificación son bien conocidos para muchas de las personas implicadas en la atención a la maternidad en Estados Unidos.  Algunas de éstas organizaciones e individuos, incluida yo, se han agrupado en torno a la Coalición para la Mejora de los Servicios de Maternidad (en adelante CMSM).  Tras una serie de reuniones, la CMSM elaboró una declaración consensuada titulada «Iniciativa para un Parto Respetuoso con la Mujer».Veintiséis organizaciones que representan a miles de profesionales de la atención al parto ratificaron el documento, incluyendo las asociaciones profesionales de enfermeras especialistas en obstetricia, comadronas de acceso directo, enfermeras de ginecología, especialistas en preparación al parto, profesionales de apoyo durante el parto y consultores de lactancia.También la ratificaron veintisiete escritores eminentes, investigadores, y activistas para la mejora de la atención al parto.  Tengo el honor de estar entre ellos.  Desde su publicación han suscrito el documento 25 organizaciones más y otros particulares.  Las premisas y conclusiones de este libro coinciden completamente con la «Iniciativa para un parto respetuoso con la mujer», que se reproduce al final de este libro. 
Sin embargo, puesto que tengo mis propias convicciones (aunque espero no estar llena de prejuicios) creo que usted debe saber desde el primer momento cuáles son esas convicciones.  Aquí va mi «declaración completa».
Creo que los principios que subyacen en la dirección obstétrica del parto —y las prácticas en las que éstos se materializan—, no son coherentes con las necesidades de las mujeres y los bebés y causan muchos de los problemas que dicen prevenir o curar.
No estoy en contra de la tecnología, pero me opongo a la intervención rutinaria.  He asistido a partos en los que el uso prudente de la tecnología salvó probablemente al bebé, e incluso en uno o dos casos probablemente a la madre.  Pero la palabra clave es «prudente».  Creo que el uso imprudente de la tecnología está haciendo un daño físico y psicológico considerable a madres y bebés. 
No estoy en contra de los ginecólogos.Conozco personalmente y por su buena reputación a muchos ginecólogos excelentes.También opino que la mayoría de los médicos quieren hacer lo mejor para sus pacientes, pero he presenciado, experimentado y leído sobre demasiados casos de arrogancia, indiferencia, e incluso crueldad como para tener una imagen idílica al respecto.  Aun así, el principal problema es acotar la definición de «buen hacer».  Aquí está lo que yo creo que define una buena asistencia.
Los buenos ginecólogos, médicos de familia y comadronas:
- Consideran el parto como una parte normal y básicamente saludable de la vida de una mujer.
- Tratan a la mujer holísticamente, teniendo en cuenta sus pensamientos, sus sentimientos, sus preocupaciones y sus prioridades.
- Respetan el derecho de las mujeres a tomar, con información, las decisiones que les afecten a ellas mismas y a sus bebés.
- Respetan el parto como una experiencia con sus propias lecciones y recompensas.
- Ofrecen una atención basada en el apoyo más que en la intervención.
- Hacen evaluaciones individuales en lugar de aplicar reglas generales.
- Cuando se hace necesario intervenir, lo hacen comenzando por la intervención menos agresiva en lugar de emplear la más drástica.
- Están actualizados en cuanto a bibliografía médica.

Sobre el libro
He aquí los cómos y porqués de la estructura de éste libro.El capítulo 1 trata sobre las cuestiones más apremiantes en cuanto a la atención a la maternidad: la epidemia de cesáreas.Sirve para dar una perspectiva general y como introducción del resto del libro.En el capítulo que le sigue se discuten varias cuestiones de la dirección obstétrica del parto en orden cronológico, tal y como se enfrentaría usted con ellas al final del embarazo y durante el parto.Esto la preparará a usted para los últimos capítulos, que proporcionan consejos prácticos sobre cómo elegir a alguien que le preste apoyo profesional durante el parto (doula o monitora), un médico o comadrona, y un lugar para dar a luz.
Todos los capítulos siguen el mismo patrón: cada uno de ellos comienza con una perspectiva global que critica las creencias y las prácticas generalizadas seguida, en su caso, de descripciones de las intervenciones correspondientes.  Después viene el «Resumen de los puntos más importantes» de cada capítulo.  Aquí es donde encontrará usted un balance resumido de las ventajas y desventajas de cada opción, así como consejos para evitar intervenciones innecesarias. 
Todos excepto el capítulo 1, «La epidemia de cesáreas», acaban con un epígrafe titulado «Conclusiones extraídas de la literatura médica».Esta sección enumera las conclusiones que pienso que pueden extraerse de los resultados de la investigación.He enlazado las afirmaciones contenidas en esta sección con un apéndice por capítulos que contiene resúmenes de los estudios que avalan cada una de las conclusiones.Los resúmenes incluyen notas a pie de página y listas de referencia.Elegí este procedimiento para que pueda usted mirar lo que le interese sin que las mini revisiones de la bibliografía la distraigan.Otros apéndices contienen el texto completo de la «Iniciativa para un parto respetuoso con la mujer» y una lista de organizaciones y recursos relacionados con el embarazo y el parto. 
He intentado que este libro responda a muchas necesidades diferentes.Escribí cada capítulo de forma que pudiera leerse independientemente de cualquier otro.Esto significa que usted no tiene por qué leerlos secuencialmente y puede saltárselos leyendo sólo lo que le interesa.En particular, le aconsejo que no se líe con los resúmenes de las investigaciones si no son algo que le entusiasme.  Los incluí pensando en quienes quieren sacar sus propias conclusiones y no les gusta que nadie se las sirva.  También puede que quiera usted mostrárselas a su médico o comadrona. 
He tenido que ser selectiva en cuanto a los datos que aporto, pero creo que he incluido suficientes como para avalar lo que digo.Para escribir la mayoría de los capítulos leí dos o tres veces el listado de documentos que se citan en la bibliografía y listas de referencia de los apéndices.Una táctica para devaluar un trabajo como el mío es decir que uno puede encontrar un estudio para justificar cualquier posición, pero eso no es de aplicación en este caso, pues en la mayoría de los temas que he estudiado, el hecho de que los datos no respalden la práctica obstétrica común es una constante. Debo también señalar que, aunque por supuesto han continuado publicándose estudios desde que terminé este libro, una vez que existe un cuerpo de estudios bien hechos que llegan a la misma conclusión, los estudios posteriores raramente contradicen sus conclusiones.Allí donde había un aparente consenso bibliográfico respecto a la práctica habitual de los ginecólogos —vienen a mi mente los embarazos que se prolongan más allá de la fecha probable de parto—, me ha parecido oportuno cuestionarlo profundizando y comprobando la calidad de las investigaciones en las que se basa.Por contra, mientras casi siempre estuvo claro que las prácticas actuales deberían ser abandonadas, con frecuencia estaba menos claro qué hacer en su lugar.  He reunido los pros y los contras de estos casos en el «Resumen de los puntos más importantes» que hay al final de cada capítulo.
Quizás se esté preguntando usted qué credenciales tengo para escribir este libro, puesto que no soy médica —ni tampoco he hecho una tesis doctoral sobre cuestiones médicas ni de ninguna otra clase—, ni comadrona o enfermera.Soy educadora de preparación al parto titulada y poseo una licenciatura en biología por la Universidad Brandeis.Por lo demás, soy autodidacta.Soy también autora de «Mitos de la obstetricia frente a realidades de la investigación:una guía de la bibliografía médica».En ese libro organicé y escribí cientos de resúmenes de artículos de los periódicos médicos para que los profesores de preparación al parto, comadronas y otros pudieran tener a mano los datos que avalaban lo que la mayoría de ellos enseñaba o practicaba.Ese libro tuvo una buena aceptación.De hecho, varias escuelas de comadronas han adoptado «Mitos de la obstetricia» como libro de texto, y algunos cursos de certificación de profesores de preparación al parto exigen su lectura. 
A aquellos que aleguen que se necesitan más títulos detrás del nombre para escribir un libro como éste, les pido que me dejen contarles una historia.  Penny Simkin, una famosa educadora, escritora, conferenciante y editora fue reprendida por un anestesista, furioso porque había escrito un folleto enumerando los efectos potencialmente adversos de la anestesia epidural sin ser médico (aunque no discutía su credibilidad). 
—¿Cuáles son sus credenciales? —preguntó. 
—Sé leer —replicó plácidamente. 
Yo también sé.
Una última cuestión: las cosas que está usted a punto de leer pueden preocuparle o perturbarle o incluso enfadarle.He intentado no ser innecesariamente alarmista, pero tampoco mitigar el golpe.Este libro fue escrito bajo el mismo principio de la educación sexual: ante todo, prefiero causarle malestar que permitirle permanecer en la ignorancia.  Mi objetivo es que no tenga usted nunca ocasión de decir, a toro pasado «¡Ay, si yo hubiese sabido que se podía elegir!» o «Nunca habría aceptado si hubiera sabido lo que podría pasar».
Aunque mi intención es ilustrarla y ofrecerle estrategias que le permitan satisfacer una amplia gama de necesidades individuales, puede que se encuentre usted sobrepasada por las muchas posibilidades que le presento y las distintas ventajas e inconvenientes que conllevan.Piense en ellas simplemente como cuestiones de partida a discutir con su médico o comadrona.De hecho, cómo él o ella reaccionen al plantearles esas cuestiones le dirá si está usted o no ante la persona adecuada.Por supuesto, también puede usted dejar todas o la mayoría de las decisiones en manos de quien la atienda.Esa opción es perfectamente válida.  Lo importante es que sea una decisión verdaderamente consciente, no algo a lo que usted se ha visto obligada.      

 

 

ÍNDICE
Introducción: Dirección obstétrica del parto: ¿qué hay de malo en ello?

Capítulo 1: La epidemia de la cesárea, lo último de la obstetricia

Capítulo 2: El bebé de nalgas, la cesárea no es la única solución

Capítulo 3: La inducción del parto, la madre naturaleza sabe más

Capítulo 4: Los goteros, líquido y más líquido pero nada de beber

Capítulo 5: Monitorización electrónica fetal y cesárea por sufrimiento fetal, la máquina que hace "ping"

Capítulo 6: Cuando los médicos rompen la bolsa amniótica, si no está rota, que no la rompan

Capítulo 7: Duración del parto, la virtud de la paciencia

Capítulo 8: Epidurales y opiáceos, dando palos de ciego

Capítulo 9: Episiotomía, un cortecito nada limpio

Capítulo 10: Cesárea de repetición electiva, simplemente diga "no"

Capítulo 11: El Acompañamiento profesional durante el parto, cuidar de la madre como una madre

Capítulo 12: Obstetras, comadronas y médicos de familia: alguien que vele por ti

Capítulo 13: El lugar del nacimiento

Apéndices

Bibliografía

Iniciativa Parto y Nacimiento Amigo de la Madre  

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